Por Qué?
La agricultura campesina, la pesca, la ganadería, la recolección y la caza hacen vivir cerca de tres mil millones de personas en el mundo. Sin embargo, dentro de esos mil millones de personas que sufren de hambre, cerca de dos tercios de ellas son campesinos y su familia.
Una verdadera paradoja puesto que estas personas están en contacto directo con la producción agrícola. Estas familias no pueden alimentarse convenientemente con la agricultura campesina principalmente porque son pobres.
SOS Faim interpela a las autoridades belgas y europeas sobre las políticas que tienen un impacto negativo en los productores del Sur que viven de la agricultura campesina. Las políticas agrícolas, comerciales, de desarrollo, a menudo dictadas por instituciones internacionales, no respetan la soberanía alimentaria de los estados y de los pueblos. Estas políticas favorecen el agronegocio y ponen en competencia a los agricultores, cuyas condiciones de producción son desiguales.
Nuestras campañas se unen siempre a las propuestas de nuestros socios del Sur para una mejor consideración de la agricultura campesina y de la soberanía alimentaria. Nosotros defendemos sus intereses frente a las autoridades belgas y europeas.
En paralelo, sensibilizamos y movilizamos la opinión pública en distintos acontecimientos para que cada vez más ciudadanos defiendan las posiciones de los protagonistas rurales del Sur y que se tengan en cuenta sus propuestas a nivel político.
Llevamos este combate con el apoyo de una red de miles de simpatizantes y de voluntarios. Con el fin de alcanzar un mayor impacto, trabajamos regularmente en red con otras asociaciones y organizaciones campesinas, como en la Plataforma Soberanía alimentaria. Por otro lado, SOS Faim es miembro del Centro Nacional de Cooperación al Desarrollo.
Para más información, comunicarse con Virginie Pissoort, responsable de la “campaña soberanía alimentaria”.